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sábado, 7 de mayo de 2016

penurias tras la libertad padecidas por Humberto Vacaflor según testimonio propio, comenzaron al cumplir Humberto 16 en una radioemisora de Tupiza, la radio destruída por los comunistas en represalia contra los anarquistas. la vida de Vacaflor quien acaba de recibir el Premil Libertad de la Asociación de Prnesa de Bolivia. Bien merecido.

APUNTES DE MI DISCURSO AL RECIBIR EL PREMIO LIBERTAD
ESQUEMA DEL DISCURSO 3.5.16
El premio Libertad es algo que aprecio más que todos los demás honores que he recibido en mi vida.
Es el mejor premio para un periodista.
Sobre la Libertad, don Francisco Quevedo dijo:
“Perder la libertad es de bestias; dejar que nos la quiten, de cobardes.”
Creo que el premio Libertad me estuvo acechando desde mis 16 años de edad, cuando comencé en la radio Chorolque de Tupiza a leer los libretos que escribía Liber Forti para “Simplicio, un hombre que no entiende”.
Un día, ese programa semanal se acabó porque los del sindicato de ferroviarios, del PC, decidieroin incendiar la radio de los anarquistas.
Yo estaba orgulloso de eso. Lo tomé como un premio, como un anuncio de que al final del sendero me esperaba el premio de la Libertad.
Después, en 1964, ya trabajando en radio Altiplano de La Paz, me llegó otro mensaje del Premio Libertad. El gobierno de René Barrientos decidió prohibir que se difunda el espacio “Actualidades Extra”, porque ponía nerviosa a la gente. La libertad de prensa había sido golpeada. Y yo lo tomé como un mensaje de este premio Libertad, que me estaba esperando al final del camino.
En 1967 fui expulsado dos veces de Camiri por los militares y debí interrumplir mi trabajo de enviado del diario Presencia de La Paz.
La primera vez, en marzo de 1967, fui expulsado por haber divulgado la decisión del ejercito de crear un cordón a la altura de Vallegrande, donde en octubre caería el Che.
La segunda vez, por difundir entrevistas esclusivas con Regis Debray, que estaba en la cárcel. Esta vez quien me expulsó fue el coronel Juan José Torres, acusándome de formar parte de la red de propaganda de la guerrilla y de Debray. Tres años después, el mismo militar, convertido en general revolucionario, liberaría a Debray ante la protesta de otros militares. Para mí, esa expulsión había sido un mensaje del premio que me esperaba.
En 1971 fui extorsionado a asilarme en la embajada Argentina por la dictadura de Hugo Banzer, con el ofrecimieno de que si así lo hacía, ocho compañeros míos de Presencia, que estaban refugiados en Don Bosco de La Paz, serían libres de volver a sus trabajos. Pero la dictadura no cumplio. Ellos también tuvieron que partir. Nunca hagas tratos con dictaduras. Me fui a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, porque nunca pertenecí a ningún partido político. Al principio la pasé mal pero luego, cuando conseguí trabajo de periodista, mejoré. Todos esos años fueron el anuncio de este premio.
En 1980 tuve que salir nuevamente de Bolivia, esta vez protegido por la oficina de refugiados de la ONU. Nunca me he llevado bien con las dictaduras. Estuve en Perú, en México y luego en Londres. Otro anuncio de este premio que aprecio tanto.
En este “proceso de cambio”, los nuevos dueños de La Razón me despidieron. Habían hecho comprar ese medio con una tercera persona, con dineros extraños. Los verdaderos dueños me despidieron.
Y luego fui expulsado de Radio Panamericana, donde yo había hecho el Análisis Económico desde 1976. El gobierno, en coordinación con el director de esa radio, me excluyó de ese espacio, que yo había mantenido incluso en la BBC, en Londres.
Son otros mensajes de este premio. Me expulsan los testaferros y los alcahuetes del gobierno.
Por eso agradezco a la Asociación Nacional de la Prensa, que se atrevió a darme este premio, lo que es un síntoma de que nuestro periodismo está levantando cabeza después de varios años de opresión.
En mi relato del pasado he mencionado actitudes de gobiernos militares en contra de la libertad de expresión. En este momento, con el gobierno de Evo Morales, se siente el mismo grado de presión. Es la peor situación que vive la libertad de expresión en tiempos de democracia, sólo comparable a la situación que se vivía en gobiernos militares.
Mi angustia en este momento es que Evo Morales no sea un problema, sino un síntoma. Quizá nos espera a los bolivianos tener como gobernantes a representantes de otras actividades ilegales, más abiertamente ilegales.
Y llegar a lo que vive ahora Somalia, el Estado que en 1991 fue aniquilado por las actividades económicas ilegales. Ess actividades llegaron entonces a la conclusión de que, para ellas y su poder, el Estado era un estorbo.
Mi homenaje a Liber Forti, mi maestro, a Juan Leon, mi hermano, y también a los héros de este momento en la lucha por la libertad: Carlos Valverde, Fernando Vidal, Wilson García Merida, Marianela Montenegro, Gonzalo Rivera y muchos otros que mantienen alta la antorcha de la libertad.

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