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domingo, 7 de octubre de 2012

contrito y compungido ante el Testimonio que ofrece Edwin Tapia Frontanilla de una vida rica en darse a su comunidad con Fe, con Esperanza, con Amor, 25 años como Director Fundador de OPINION y cuatro más como articulista. Qué vida fecunda. Gracias. Mil gracias Edwin hermano!

Gracias. Mil gracias hermano Edwin

el editor podría afirmar que ha seguido paso a paso la inconmensurable tarea de ese hombre extraordinario, prístino como la luz del amanecer, lleno de bondad y de entereza y que ahora nos deja con un sabor amargo en nuestros labios. de no haber sabido atesorar en forma suficiente y expresiva ese hormigueo diario de buscar la verdad y decirla sin ambages.Edwin se retira y nosotros sus lectores, sus amigos, sus hermanos nos sentimos acongojados porque si bien es cierto que OPINION queda en buenas manos, el lugarcito de Edwin es único, insustituíble, difente. al enviarle un profundo abrazo de gratitud, dejamos estampado nuestro testimonio de gratitud y aprecio por ese extraordinario trabajo de hacer la luz cada día. Mauricio Aira

Siempre dispuesto a dar la mano, generoso amigo y gran periodista. Edwin Tapia 




Los que merecemos la atención de la gente, en el maravilloso ejercicio de escribir, tenemos la obligación de informar acerca de la situación desde donde lo hacemos. Cada uno de nosotros, difícilmente, podríamos evitar la influencia objetiva y subjetiva del medio que nos circunda.

Desde hace más de cuatro años dejé de ser Director de OPINIÓN, mi nombre figura en los créditos como parte de la tradición, puesto que fui uno de los fundadores y todavía realizo algunas tareas y escribo pequeños ensayos todos los domingos, en forma ad honorem. El que dirige el periódico es el Dr. Federico Sabat Lara, periodista y abogado, intelectualmente capaz y moralmente honorable.

He decidido retirarme totalmente de esta empresa periodística, es mejor que su estructura directiva esté claramente establecida. En veinticinco años, escribí más de nueve mil editoriales y alrededor de dos mil pequeños ensayos, ahora que los reviso, compruebo que constituyen un buen trabajo pero, no alcanzan la dimensión de un libro, de esa constatación deriva el desafío a que debo responder en el ciclo de vida que me queda. Dedicaré mi tiempo a cumplir esta misión. Un libro elaborado con rigor científico, con belleza literaria y amor a la humanidad es la prueba irrefutable de nuestra existencia.

Creo que hemos cumplido el compromiso que asumimos cuando fundamos OPINIÓN, cuatro eran los grandes objetivos: a.- Descubrir la verdad y difundirla a pesar de cualquier peligro. La verdad, en sí misma, es liberadora, aunque nos sea adversa, al permitirnos ver las cosas y los hechos tal como son, evita o disminuye los márgenes de incertidumbre que podrían ocasionarnos caídas o dolores innecesarios. b.- Ofrecer una nueva alternativa cultural a la población. Como se sabe, el precio de los bienes y servicios está en función de las opciones. Tuvimos el honor de competir con un buen periódico, tal exigencia, nos hizo cada vez más eficientes y disciplinados. c.- Difundir el cooperativismo como una alternativa histórica y en ese marco las realizaciones de COBOCE. d.- Crear nuevos puestos de trabajo en una empresa sin explotadores ni explotados.

Hemos logrado gran parte de las metas, siendo nuestro proyecto perfectible el fin último no es posible, por otra parte, no es fácil remontar los obstáculos estructurales en un país como el nuestro pobre y atrasado. Periodistas, gráficos y administrativos que forman parte de la estructura esencial del sistema, sustituyeron las limitaciones económicas y técnicas con su trabajo, con su talento creador. Nadie, en ningún lugar del mundo, instalaría y pondría en marcha una empresa periodística con menos del ocho por ciento del capital mínimo calculado por el experto que elaboró el estudio de factibilidad. Tengo que dejar constancia de la gratitud que merece el esfuerzo, la abnegación y la sabiduría del personal de la institución. Todos, absolutamente todos, entregaron su tiempo, su sacrificio, su inteligencia para convertir una ilusión en una estructura real, cada vez más solida e inteligente.

La libertad de pensar y escribir define la dimensión superior del ser humano. Pensar quiere decir descubrir y comprender el mundo. En esa proyección, quizá exagerada, nosotros creamos el mundo por lo menos para nosotros mismos. Si no fuéramos nosotros ¿qué sentido tendría el universo? Dicho de otro modo, si el ser humano no existiera, la preocupación y el debate, por ejemplo sobre el origen de los planetas, no podría realizarse. El interés por lo esencial de todo cuanto sucede en el universo es humano, sin dicho sujeto, las ideas acerca de esa supuesta realidad, obviamente, no existirían. Quien no se atreve a correr el riesgo de esa apasionante aventura acaba solo al principio.

El que piensa necesita difundir sus ideas, contrastarlas con otras ideas, generar un acontecimiento social. Es aquí donde el comunicador, el escritor, el intelectual requiere de la libertad necesaria para cumplir esta misión. La libertad no es una concesión, es una cualidad humana, es la forma de vivir de la gente. Entonces, en última instancia depende de uno mismo.

Hemos tratado de entender los acontecimientos internacionales y nacionales. En la dinámica de esa difusión nuestro gran interés era y es provocar alguna reacción, que la gente diga si está o no de acuerdo con tales sucesos. La toma de posesión es ya un avance, rebela interés, preocupación. Al impulso de esa inquietud es posible lograr rectificaciones, avances y también sustituciones. La misión del informador es entregar al receptor los antecedentes, las circunstancias, los componentes de un acontecimiento determinado para que por el mismo comprenda lo que realmente sucedió.

No es posible despojarse totalmente de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestras relaciones sociales. Siendo esa hipótesis, humanamente imposible, lo que interesa no es insistir en su realización, sino tomar clara conciencia de esa limitación sicobiológica para hacer todo lo posible a fin de evitar su imposición o su difusión disfrazada. 

Muchas veces me he permitido decir que una de las mayores exigencias para quienes difundimos nuestras investigaciones o ideas, utilizando los medios de comunicación, es la formación profesional. La simplificación, la banalización o la improvisación, pueden ser de efectos preocupantes cuando se los presenta con la seguridad o la fuerza implícita en el medio de comunicación utilizado. En la dinámica de las transformaciones admirables que se están llevando a cabo, la especialización, en el marco de una formación humanista, quizá sea una respuesta a la debilidad de las generalizaciones.

He procurado ser consecuente con el enunciado teórico. No es tan fácil lograr la plenitud. Los jóvenes tienen el tiempo y la oportunidad necesarias para manejar la fuerza convincente de los medios de comunicación en la proyección de transformaciones posibles sistemáticamente realizadas. Lo que ahora sucede es un proceso profundo, generado entre otros, por los avances portentosos de la cibernética, televisión, internet y otros.

Para cerrar este intento de agradecimiento y despedida, quiero decir que habiendo estudiado Derecho y Ciencias Sociales, acabé escribiendo en un medio de comunicación porque quería y quiero cumplir mi función humana a la luz del día, expresando en voz alta mis ideas y asumiendo las responsabilidades que me corresponden. Haré todo lo que esté a mi alcance para que nadie sufra injusticias que en algunos casos, pueden impedir las expresiones más radiantes del espíritu.

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