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viernes, 12 de febrero de 2016

Ilya Fortún inteligente comunicador social, ve un disparo a la misma cabeza del Jefe de Estado, el efecto del escándalo mayúsculo reciente. sí "esa cara conocida llamada corrupción". leamos

El escándalo del uso indebido de influencias del Presidente con una megaempresa china, entre todos los tintes tragicómicos que nos ha mostrado hasta ahora, tiene dos componentes que lo hacen mortalmente peligroso para el Gobierno.

El primero es que se trata, a mi juicio, de un disparo interno. No fue el primero, pero fue un disparo apuntado a la cabeza del Presidente y eso dice muchas cosas. El primer tiro fue a la Achacollo, con el tema del Fondo Indígena, y ya mostraba la intención de apuntar al entorno más íntimo del Jefazo (que con todo esto está pasando rápidamente de Jefazo a jefe nomás).

No quiero subestimar ni el rol ni la valentía del señor Carlos Valverde, pero tengo toda la impresión de que la historia viene desde dentro y está dirigida a causar un quiebre importante en el futuro del gobierno y del MAS.

Cuando la balacera empieza a producirse en casa, esa es señal de que las grietas internas se han convertido ya en inmensos boquetes y que hay compañeros que están dispuestos a llevar la sangre al río. Habrá que decir, además, que esto es totalmente normal, luego de diez años de un esquema monolítico e impenetrable.

El segundo componente es especialmente letal porque involucra por primera vez y de manera directa a Evo Morales con un tema de corrupción del más grueso calibre. Sea cual fuere el desenlace judicial de este escándalo, la figura absolutamente invulnerable de Evo Morales ha pasado a la historia. Eso de que los corruptos son los que lo rodean y que él está fuera de toda sospecha parece que llegó hasta aquí nomás.

A riesgo de quedar como un pobre ingenuo debo confesarle que yo mismo creía en el fondo que el Presidente no estaba en las correrías de plata, pero ahora todos los indicios (los culebroneros y los políticos) me llevan a pensar que no hay manera de que no esté involucrado. Seguramente no será la última decepción que me da este Gobierno, pero probablemente sí será la más grande; y me imagino cómo será la desilusión y el dolor para sus huestes internas, privadas del principal argumento de defensa del jefe y presas de la duda acerca si deben o no descolgar el póster de la pared.

Y es que el mar de dudas nos asalta a todos. Dudo que un presidente que se caracteriza y se jacta además de saberlo y controlarlo todo, no sepa que la madre de su hijo está metida hasta el cuello con la empresa china que maneja los contratos más gordos del Gobierno.

Dudo, incluso, que se trate del favor de acomodar a una exnovia en una súper pega, pues es imposible que un hombre tan listo no haya previsto que su sola presencia en CAMC le acarrearía con el tiempo un problemón.
Dudo que esa relación haya terminado el 2007 y la explicación de que aquella vez de la foto le pareció cara conocida causa mucha risa, pero también algo de pena.

Dudo que una muchachita, por muy talentosa que fuera en las artes del amor, califique a los 25 añitos, académica  y profesionalmente, para manejar negocios de cientos de millones de dólares  desde la primera línea.

Dudo en la prueba de transparencia ofrecida por Quintana (la ejecución de las boletas de garantía), porque simple y llanamente había sido mentira y resulta que los chinos ganaron el proceso. 

Finalmente me asalta una duda horrenda: ¿dónde se ha visto que el Presidente de un país tenga un hijo y pierda un hijo sin que la ciudadanía se entere? ¿Dónde carajos vivimos? ¿En Corea del Norte? ¿Si no sabemos una cosa así, qué otras cosas no sabremos?

Illya Fortún es comunicador social.

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